jueves, 14 de mayo de 2015

YO QUIERO SER HÉROE

Por Martín Fernández, 11/05/2015

En mi locura ocurrencia de esta edad madura por la cual transito, que es distinto a estar en madurismo, tuve un empeño en querer ser un héroe, en convertirme en un superhumano, en aquella persona con poderes infinitos, con capacidad de dar vidas o de salvarlas, que pueda proteger a los desvalidos, que sea fuente de inspiración para liderar valores sobre el amor al prójimo y a la humanidad misma. Para lograr esto, ayer Domingo me fui a la Iglesia con el propósito de tener una conversación seria con Dios.

Estando en el templo de Dios, muy temprano en la mañana, sentado cerca del altar, comencé a suplicar para que me convirtiera en héroe, acompañando a esta invocación con varios Padre Nuestro y Ave María, que son los únicos rezos que recuerdo de inicio a fin. Luego de insistir por largo tiempo soportando el calor sofocante de estos días de Mayo, de la nada sale un pajarito revoloteando por encima de mi cabeza, se me parecía a un canario por su plumaje amarillo con tonos marrones.

¿Quieres ser héroe?, escucho claramente mientras el animalito seguía volando sobre mí. Empecé a mirar alrededor para ver si alguien me estaba vacilando, tal fue el esfuerzo que casi me tuerzo el cuello. 

¿Quieres ser héroe? vuelvo a escuchar, pero esta vez me di cuenta que era el bendito pájaro y rápidamente pensé que se trataba de un periquito o una especie de loro diminuto. 

Al rato veo que dicho parlanchín se posa sobre el tope del altar de la iglesia y mirándome fijamente me dice ¿Quieres o no, ser héroe? Inmediatamente me levanté del banco, mi corazón latía desbocadamente, mis piernas temblaban, ahora si sudaba de verdad, estaba realmente asustado, y pensaba que a mí sí me iban a tildar de loco por  escuchar a un pájaro. Solo se me ocurrió preguntarle ¿Quién eres?, sin dejar de mirarme me respondió “soy un mensajero de Dios, quien me pidió que conversara contigo”, e insistió con la pregunta ¿Quieres o no, ser héroe? Aún con dudas de lo que me pasaba, le respondí con voz temblorosa “sí, sí quiero ser héroe”, y luego de una pausa, con voz firme le hice una acotación bien seria “sí, sí quiero ser héroe, pero no cualquier héroe, quiero tener super poderes, ser invencible ante cualquier eventualidad, de energía inagotable y que no tenga que volar al Sol para recargarme, que pueda ejercer mi dominio solo con la mirada, que tenga la sabiduría suficiente para…”, es entonces cuando el canario me interrumpió diciéndome ¿Por qué no te callas?, “ya entendí lo que quieres ser”, y con voz arrogante me dice “Eso es pan comido, en realidad es muy sencillo, ya he convertido a muchas personas en esa clase de héroe”. Esto me decepcionó profundamente, pensaba que sería el único en este planeta.

El ya no tan simpático canario me aclara que tengo que hacer unos cuantos sacrificios, y me pregunta que si estaría dispuesto a hacerlo, a lo que dije “espera un momento, no me vas a decir que tengo que vender el alma al diablo”, y el pájaro me peló los ojos diciéndome “espero que estés bromeando, me refiero a los siguientes sacrificios”, y empezó a listarme:

Debes estar dispuesto a llevar un feto en tu vientre por 40 semanas, considerando que tu cuerpo se deformará, que tendrás cambios hormonales, aumentarás de peso y tendrás alteraciones emocionales.

-  Debes estar dispuesto a aguantar el dolor de parto, o que por medio de una cesárea te abran el vientre para sacarte el bebé.

-  Debes estar dispuesto a amamantar al bebé cada 3 o 4 horas, sin importar el sueño que tengas.

-  Debes estar dispuesto a desvelarte toda una noche vigilando el sueño de tu hijo cuando se encuentre enfermo.

-  Debes estar dispuesto a alimentar a tu hijo, aunque tengas que dejar de comer en ciertos momentos.

-  Debes estar dispuesto a vestir, llevar y recoger a tu hijo al colegio, trabajar y además, atender la casa.

-  Debes estar dispuesto a ser el líder de tu hijo guiándolo por el buen camino.

-  Debes estar dispuesto a reprimir a tu hijo cuando sea necesario, a pesar del profundo amor que le tengas.

-  Debes estar dispuesto a amar tu hijo tanto, que sacrificarías tu vida por él.

-  Por último, luego de todos estos sacrificios, debes estar dispuesto a dejarlo que se vaya para que haga su propia vida.


“Espera pajarito”, le interrumpí ya aturdido, ¿tú lo que quieres es convertirme en madre? Le pregunté. Quien me responde “eso es lo único que calza perfectamente con los poderes que me estas solicitando”. Solo pude asentar con mi cabeza que tenía razón, y le dije “ya existen suficientes heroínas en este planeta, mejor sigo siendo lo que soy, pero esta vez procuraré ser un mejor hijo y reconocer el valor de mi madre.

lunes, 13 de abril de 2015

UN MARINERO QUE SE LAS TRAE









Por Martín Fernández, 12/04/2015.

Buscando escribir sobre algún héroe, entre varios que recuerde, decidí hacerlo por quien todos los contemporáneos conmigo conocemos y que apreciamos desde la niñez. Su valentía,  perseverancia, sentido de la justicia y bondad, son algunos de sus valores que nos transmitió. Se trata de Popeye El Marino, a quien he entrevistado a través de mis recuerdos y haciendo algunas investigaciones en la red, y aquí están sus respuestas.

-   MF: Buenos días, antes de iniciar esta entrevista, quiero agradecerle y decirle que está en la libertad de contestar como mejor lo desee o negarse a hacerlo, mi deseo es que se sienta cómodo. Si alguna de mis preguntas le resultara impertinente, por favor, me lo hace saber y desde ahora le pido disculpas por ello. Para empezar con buen pié ¿Cómo le gustaría que le llamara?

-   P: Popeye, simplemente Popeye, a secas.

-   MF: ¿Algún apodo?

-   P: no me gustan los apodos, en la escuela hubo un niño que se atrevió a decirme Popy, y lo colgué del pantalón de la torre de la Iglesia, en el campanario, justo a las 12 del mediodía, casi queda sordo. Así que, si quieres perder los sesos atrévete a llamarme por ese apodo jahajahajaha, lo digo en serio.

-   MF: entendido. ¿En qué lugar y cuando naciste?

-   P: no recuerdo, eso fue hace mucho tiempo. Mi padre era marinero, así que supongo que nací en un pueblo pesquero. En cuanto a mi fecha de nacimiento, solo puedo decirte que soy más viejo que tú. Cuando comencé a trabajar fue el 17 de Enero de 1929, ya adulto, casi calvo, y me inicié como personaje secundario de un comics de Segar Thimble Theater que publicaba el vespertino New York Evening Journal, donde por cierto, fue cuando conocí a Olivia Olivo, quien era la protagonista principal.

-   MF: son muchos años.

- P: si, son muchos años. Luego, me dieron protagonismo principal en las historias, compromiso que acepté siempre y cuando Olivia siguiera conmigo, porque ya para ese momento éramos novios.

-   MF: un noviazgo que duró por siempre. ¿Por qué nunca te casaste con ella?

-  P: influyeron varios factores que no me animaron a tan noble compromiso, pero el principal fue que me aterró el hecho de pensar quedarme en un solo sitio, en tierra, y como bien sabes, soy un hombre de mar. Pero, después de todos estos años, reconozco que debí hacerlo, ella era una mujer formidable, bella, estoy seguro que su esbelta y alta figura la hubieran convertido en una fuerte candidata al concurso de belleza nacional, sin embargo, le bloqueé ese potencial al pedirle que me ayudara con Cocoliso, mientras salía a mis aventuras marinas. Su generoso amor hacia mí y a ese niño, como madre sustituta, se merecía ser correspondida plenamente con el matrimonio.

-   MF: seguro ella lo entenderá. Ya que me mencionas a Cocoliso, quisiera que me aclararas algo. Según pude averiguar, en 1933 recibiste por correspondencia al niño y lo adoptaste inmediatamente, lo cual es una acción de profunda bondad. Pero, esto me parece muy extraño, ¿Cocoliso no será hijo tuyo, como producto de tus infinitas aventuras de mar y de tantos pueblos pesqueros visitados?, ya sabes, una novia en cada puerto.

-   P: no voy a contestar a esa pregunta.

-  MF: Discúlpame Popeye, te importuné. Dime algo, ¿Nunca pensaste en establecerte en tierra, en montar un negocio?

-   P: Si lo pensé, y con Olivia echamos números. Nuestra idea era montar un negocio de venta de hamburguesas, pero con un concepto novedoso, se trataba de lo que actualmente denominan “comida rápida”, es decir, la gente era atendida y estaba comiendo al poco tiempo de su pedido. Pensábamos en montar un primer local de prueba, para que la gente empezara a conocer el servicio, luego venderíamos la franquicia en royaltys para que se reprodujera el negocio en distintas partes del país. En menos de diez años seríamos multimillonarios.

-   MF: ¿Qué pasó que no lo hicieron?

-   P: se nos ocurrió consultarle al mayor conocedor de hamburguesas del pueblo, a Pilón. Él nos dijo que no era buena idea, porque las mejores hamburguesas son las artesanales, y que industrializar ese producto nos llevaría al fracaso. Nuestra sorpresa fue, que al cabo de poco tiempo el traidor de Pilón montó su negocio,  nos había robado la idea, creó una franquicia que se extendió por el mundo “Mc Pilón”.

-  MF: ¡Que decepción!,  una última pregunta para terminar esta entrevista. ¿Por qué la Bruja del Mar y Bluto te odiaban tanto?

-   P: La Bruja del Mar, que era la última bruja de la tierra, nunca me perdonó que a comienzos de mis aventuras en el mar, rescatara a la Gallina Mágica que estaba en su poder, hazaña que casi me cuesta la vida y que gracias a esta ave y a los poderes que me dió, pude resucitar. Y Bluto me odia por envidia, porque tengo a mi bella Olivia y soy mejor marinero que él.

-   MF: ¡Que bien! jajaja. El tiempo se nos ha acabado, quiero agradecerle lo amable que ha sido en esta conversación y espero que tengamos otra oportunidad, quedaron temas sin tratar, como los poderes de la espinaca, su mascota Jeep que era como un extraño perrito, que ya no fuma pipa, y de sus tremendos sobrinos Papeye, Pepeye, Pipeye y Pupeye, que hoy son grandes empresarios y dueños de la franquicia Popeye Frie Chicken, competencia de Mc Pilón. Por favor Popeye, me gustaría que se despidiera como siempre lo hace.

-   P: Gracias a ti por la entrevista, espero que sea todo un éxito, y me despido con mi cancón favorita:    
Popeye el marino soy, uhuuuh, 
sentado en un almohadón, uhuuuh, 
comiendo espinaca, 
besando a la flaca, 
Popeye, el marino, soyyyyyy, uhuuuh,



FIN

HISTORIA DE CAMA

Por Martín Fernández
06/04/2015

Esta historia se refiere a un mensaje de whasapp que recibí en mi celular, enviado por mi hija Vicky, cuando me encontraba a punto de echarme a la cama para jugar con la televisión, que es cuando uno trata de ver varias películas y series al mismo tiempo, y tener éxito de entender la trama y el final.

Estoy seguro que mi hija tenía buena intención con dicho mensaje, pero había algo que no me gustaba de él, espero que estén de acuerdo conmigo, el cual decía así:

Día 30/03/2015, hora de recibido: 19:58.
Una novia le dice a su novio...
¿Me quieres?, y él le contesto que no.
¿Piensas que soy bonita?, y él contestó que no.
¿Me tienes en tu corazón?, y él contestó que no.
¿Si me fuera, llorarías por mi?,  y también contestó que no.
Ella triste se dio media vuelta para irse, y él la agarró del brazo y le dijo:
-  No te quiero, te amo.
-  No pienso que seas bonita, pienso que eres hermosa.
-  No estás en mi corazón, eres mi corazón.
-  No lloraría por ti, moriría por ti.
Hoy, a media noche, tu amor se va a dar cuenta de que te ama.
Algo bonito te va a pasar mañana entre la 1 y las 4 de la tarde.

Hasta ahora todo iba bien, y continúa el mensaje diciendo:
Da igual donde estés: en Internet, en el colegio, en el trabajo....si rompes esta cadena tendrás mala suerte en 9 relaciones durante 9 años. Envíalo sólo a 9 personas, ¡No repitas la persona! ¡SUERTE!.

Al leer esto me dije, “que mensaje tan bonito y romántico, para cagarla en el último momento”, y exclamé ¡Una cadena, que vaina!, “mañana mismo llamo a mi hija y le explico que no debe mandar estos tipos de mensajes, que no se debe creer en estas maldiciones y que no debemos poner a personas que apreciamos en estos apuros”. Fue entonces cuando decidí eliminarlo y, contradiciendo la supuesta maldición, rompí con esta cadena, además, estoy en contra de todo lo relacionado con “cadenas”.

Seguí viendo mi televisión, entreteniéndome con dos películas a la vez, que casualmente eran románticas, una “El Diario de Noa” y la otra “La Casa del Lago”, aunque ya las había visto, me enganché en ellas hasta quedarme profundamente dormido. Pasado el tiempo escucho sonidos de disparos y explosiones, al entreabrir un solo ojo, porque el otro estaba renuente de despertar, me percaté que la televisión seguía encendida, fue entonces que extendí mi brazo para apagarla, y seguí con mi descanso.

¡Dios, ya amaneció!, me dije luego de darme cuenta de la fuerte iluminación de mi habitación, donde la luz entra por la ventana, la cual está orientada hacia el asomo del día. Cuando veo el reloj son las 8:30 am, pegué un grito ¡Carajo, es tarde!, tenía que dar clases en el colegio dentro de media hora, menos mal que se encuentra cerca, solo a cuatro cuadras o 15 minutos caminando. Me meto a bañarme y encuentro que no sale agua caliente, cuando me fijo veo que el calentador está desenchufado, anoche se me había olvidado conectarlo, pues ni modo, con agua fría a la ducha. Me vestí lo más rápido que pude y salí rumbo al colegio.

Mientras caminaba con paso ligero de verdadero vencedor, ponía en orden la agenda del día en mi cabeza, a las 11 am habré terminado mi clase, de allí regreso a mi casa para hacer la maleta, almuerzo algo, a las 2:00 pm  tengo que estar listo, Mariale me pasa buscando a las 2:30 pm, vamos al aeropuerto, y a las 3:30 pm estaremos a tiempo para chequearnos en el vuelo para Hawai. Mientras seguía recapitulando mi agenda mental, me acercaba a la intersección con la avenida y me doy cuenta que estoy a unos segundos de poder cruzar según el semáforo de peatones, el hombrecito de verde en el postecito me dice “tres, dos, uno”, apuro el paso y solo alcanzo a empezar a cruzar con el “uno” e inmediatamente me sale la “mano roja” para que me detenga, justamente en el medio de la avenida, los vehículos empezaron a cornetearme y algunos más acalorados a gritarme “abusador, muévete”. ¿Por qué no me quedé quieto antes de cruzar?, ¿Cuál es el apuro si estoy a tiempo?, me dije para mis adentros mientras corría para terminar de cruzar, pero cuando casi llegaba a la acera, una ciclista despalomada ha cruzado tan cerca que casi me lleva por delante, solo atinó a mi carpeta donde llevaba los exámenes que tenía que aplicar en clase, los cuales unos volaron y otros se esparcieron en el piso. Ella casi se cae de la bici, gracias a Dios que no fue así, hubiese sentido con un cargo de conciencia debido a mi imprudencia, pero se detuvo y me dijo hasta del mal que me iba a morir, Yo solo pude decirle “disculpe, perdone, no fue mi intención”, se volvió a incorporar en su vehículo y con un gesto de desprecio con la mano siguió su camino.

Como pude recogí los exámenes esparcidos en la calle, algunas personas sintieron compasión conmigo y me ayudaron, mientras los carros pasaban pisándolos. Llegué 15 minutos retrasado al salón de clases, antes había avisado que estaba retrasado, los muchachos tenían el salón alborotado, tuve que poner orden con un tono riguroso. Ramón, el más revolucionario de todos, quien se sintió con derecho a exigir una compensación, me dijo “maestro, debe eliminar una de las preguntas”, a lo que respondí algo furioso “te sientas, te callas y me haces el examen, sino te vas a afuera y lo haces con el Rector”, palabra mágica en los muchachos, nadie desea enfrentarse con ese señor.

Era un examen de lapso, no tan difícil, pero largo. Como había llegado tarde, tenía que extender la hora de su terminación. Al cumplirse el tiempo, a las 11:15 am, dije “se acabó el tiempo, entreguen”, pero aún quedaba un grupo numeroso de alumnos, entre ellos Ramón, quien mostraba una cara de desespero porque necesitaba obtener una buena evaluación para poder pasar la materia, y me pide “por favor profe, dennos 15 minutos más”, a lo que le respondí “tienes todo el año haciendo lo que te viene en ganas, si le hubieras dedicado algo más a la materia, no estuvieses pasando trabajo ahora”, pero su cara era un poema de terror, ¿Qué será lo que le pasaría en casa si reprueba?, pensé; entonces accedí y prolongué el tiempo.

Ya faltando 5 minutos para finalizar la prueba, mientras miraba a Ramón, quien borraba, escribía y volvía a borrar, y su cara sudorosa, se escuchó un estruendo fortísimo, una explosión en el colegio, todos en el salón brincamos del susto, algunos salieron despavoridos del salón. Al instante empezamos a oler a humo, me asomé a la puerta y escucho a la profesora Patricia, quien venía corriendo aterrada, “el laboratorio de química explotó”, a lo que inmediatamente le pregunto gritando porque siguió su andar ¿había alguien en el laboratorio?, y a lo lejos le logro escuchar una negativa, lo cual fue un gran alivio. Inmediatamente, alisto a los alumnos para el desalojo inmediato del salón y ponerlos fuera de todo peligro, según el procedimiento establecido en caso de emergencias. Los muchachos en fila de dos en dos, “conserven la calma, no corran, caminen ligero”, les digo. En el trayecto del camino Ramón me sale con una de las suyas “profe, el examen debe suspenderse para otro día, no se cumplió con el tiempo establecido”, a lo que respondí “Si Ramón, lo pasamos para otro día, pero igual lo vas a tener que presentar, y si no te preparas, la vas a pasar mal”, y seguidamente afirmé mentalmente “Este muchacho se perfila como profesional del derecho, y del bueno”.

Este incidente en el Colegio, originó que suspendieran las clases, y tener que llamar a los representantes para que vinieran por sus hijos. Lo que significó para mí un retraso importante, tuve que llamar a Mariale y decirle que pasara por mi casa, agarrara mi maleta, y que se fuera directo al aeropuerto, que Yo me iría en taxi más tarde. Ella no estaba muy satisfecha, pero no había otra, lo importante era llegar a tiempo para poderse chequear en el vuelo.

Ya resuelto todo en el colegio, llamo a mi taxista de confianza, quien se encontraba en la zona y pudo llegar rápidamente. “Buenas tardes señor Nicolás, vamos al aeropuerto y que sea ligero, tengo dos horas de retraso”, a lo que me responde “No se preocupe, nos vamos por la Libertador, luego por la Universidad, bajamos a Parque Central y caemos a San Agustín, y así acortamos distancia para empalmar a la Francisco Fajardo, y evitamos la cola que siempre se forma a la altura de Plaza Venezuela”,  y le pregunto en tono de duda ¿usted está seguro?, “recuerde que esa ruta a veces es un caos”, dicho y hecho, estando dentro de la trocha de la Libertador, empieza lo que se llama una cola cerrada, “lo que faltaba” me dije. Nicolás llama por la radio “041 llamando a Central, estoy en un 36 sobre la 85, alguien sabe que pasa”, al rato se escucha la radio decir, “hubo un 67 en la 85, a la altura de 27”, y Nicolás me traduce, “hay un choque en la Libertador a la altura de Maripérez”, a lo que me dije aguantándome la rabia “Dios, estoy a la altura del Bosque, soberana cola, por qué este chofer no llamó antes por la radio”, respiré hondo y pensé que no había nada que hacer, entonces me dije “el día de hoy no ha sido amable conmigo, pero no me daré por vencido”, me bajé del carro sin pagarle al mediocre y caminé hasta la rampa de salida más cercana. Tomé otro taxi, al cual le insistí que se fuera por Plaza Venezuela y empalmara a la autopista Francisco Fajardo.

Ya en la autopista Caracas – La Guaira, iba conversando por celular con Mariale, me decía que se acercaba la hora de dirigirse a la puerta de embarque, le dije que dejara el boarding pass en la taquilla de la aerolínea. Ella me insistía que no llegaría a tiempo, y que estaba muy decepcionada porque había planificado este viaje con mucha anticipación, que ella resolvió a tiempo los trabajos pendientes y por qué Yo no hice lo mismo, por qué tenía que dar clases hoy, si hubiese programado el examen un día antes o después de viaje, el cual solo era por una semana, no hubiese ocurrido este problema.

Llegué al aeropuerto internacional de Maiquetía, bajé corriendo del taxi, luego de su paga merecida, pregunté por la ubicación de la aerolínea y para colmo se encontraba en el otro extremo. Conseguí la taquilla, le pregunté a la señorita por mi boarding pass, pero me dijo que era tarde, que ya la gente estaba abordando el avión. Luego de tantas súplicas, la moza accedió a darme el pase y salí corriendo hasta llegar a la Puerta Nº 4, según se señalaba en el ticket, pero para mi sorpresa se estaba embarcando la gente de otro vuelo, le pregunté a la aeromoza de embarques y me dice que cambiaron la puerta de salida, que los trasladaron a la número 15. ¿Qué está pasando hoy? me pregunté, y sin pensarlo salí corriendo, pero esta vez, como alma que lleva el diablo, hasta alcanzar la vendida puerta, pero para mí frustración ya habían cerrado y el avión ya se estaba desplazando a la pista para despegar. Llamé a Mariale a su celular, me habló con disgusto y me dijo que igualmente iba a disfrutar sus vacaciones, y le respondí “No te preocupes, veré la forma de llegar hasta Hawai, así sea en burro”. Un hombre vestido como piloto, que me había escuchado, se me acerca y me dice al oído “Yo lo llevo a Hawai por US$ 5.000”, le respondí inmediatamente “Caramba señor, me parece mucho, ni el cupo CADIVI me alcanza para eso” y le pregunté ¿No me llevará por US$ 2.000? Estuvimos un momento negociando hasta convenir en la cantidad de US$ 3.500, Yo me decía “Si estuviera Ramón aquí, hubiera conseguido un mejor precio, seguro”.

No conozco mucho de avionetas, pero me parecía que iba a viajar en una tipo jet. Despegamos en la pista pequeña, el aparato se puso en el cielo en un tirón, sentí que mis tripas cambiaron de lugar. Al rato, luego de establecernos en la altura correspondiente, el piloto me invita a pasar a la cabina, fue emocionante ver tantos aparatos y tener una amplia visual del cielo nublado. Luego de una hora de viaje, le pregunté en cuanto tiempo estaríamos en la isla, y me afirmó “En una hora más llegaremos”, ¿Cuánto quieres apostar que estaremos aterrizando primero que el avión que perdiste?, no podía creer lo que me estaba diciendo. Ya casi la hora, el piloto me señala “Tierra”, no había sentido tanta emoción de alegría, el corazón lo tenía desbocado.

Comenzamos a descender cuando de repente escucho una alarma, y el avión empieza a temblar, grito con desesperación ¿Qué vaina está pasando?, sin ánimo de recibir una respuesta, todo estaba claro, nos estamos estrellando, extrañamente se me vino a la mente la película de “El Náufrago” con Tom Hanks, será que me voy al baño del jet, quizás sobreviva. La alarma seguía sonando con más agudeza y del parabrisas del avión veo que Hawai se quema toda, y al momento me doy cuenta ¡es fuego en el avión! me dije, y escucho una voz en el fondo de mi inconsciente que me dice “Estúpido, despierta que ya amaneció”, es cuando me doy cuenta que me encontraba en un sueño, que el brillo del supuesto fuego era el sol entrando por mi ventana, y la alarma de emergencia, el despertador.

Me levanté de la cama sudando y alterado, luego de tomarme un vaso de agua para reponerme del susto, inmediatamente llamé a mi hija para pedirle que por favor me volviera a mandar el mensaje de anoche, y esta vez, seguir con la cadena, no quiero una maldición de desamor, quien sabe, pero de que “vuelan, vuelan”.

FIN

miércoles, 25 de marzo de 2015

CRUZANDO EL GRAN CHARCO

Por Martín Fernández

Siempre tuve la inquietud de conocer esos momentos vividos por mi padre, siendo un joven de 15 años, desde la salida de su pueblo natal Vallehermoso (La Gomera, Canarias), hasta la llegada al Puerto de La Guaira, y decidí entrevistarlo. De eso se trata este relato que en seguida expongo.

Era el año 1953, época de la dictadura franquista y momentos de crisis económica en toda España, cuando mi abuelo le ofrece que se vaya a Venezuela a trabajar. Se dedicaba al cuidado de las cabras y  las siembras de papas, maíz y a las viñas, así que pensaría que hacer cualquier otra cosa distinta sería mejor, además ya su hermano mayor Cipriano había emigrado a ese país, como también muchos amigos del pueblo.

Abandonó su pueblo acompañado por su padre hasta dejarlo en Santa Cruz de Tenerife, allí se embarca en el Urania II, un buque de la empresa italiana Ragruppamento Armatori Fratelli Grimaldi, que era un trasatlántico destinado al tráfico de la emigración europea hacia América. Este barco se construyó en 1906, con el nombre de Castalia, luego se renombró como Marengo, y en su etapa final como Urania II, hasta el año 1954 que fue vendido para desmantelarlo.  Participó en la primera y segunda guerra mundial transportando tropas, y se reacondicionó para el transporte de pasajeros en la época del éxodo de europeos.

Mi padre viajó en el último año de este viejo buque junto con aproximadamente 400 personas o más, todas desconocidas, en su mayoría eran italianos, “…primera vez que escuchaba otro idioma, estaba extrañado…”, se alojaban en sollados (grandes espacios dentro del casco del barco) llenos de literas. La cocina era italiana, fue la primera vez que probó el espagueti, decía “…que comida es esa que parece lombrices…”. Desde el principio buscó juntarse con paisanos, conoció a varios que eran de su misma isla, como fue a Jesús Jiménez, hermano de quien posteriormente sería un gran amigo nuestro Alvaro Jiménez, quien viajó meses después.

El Urania II tardó 11 días en llegar a mar guaireño, me cuenta que era de madrugada y veía muchas luces en el horizonte, pensaba con cierta emoción que llegaba a una ciudad con edificios, nunca había visto alguna, pero cuando el buque termina de llegar al Puerto de La Guaira, que ya había amanecido, es cuando se da cuenta que no eran edificios, sino los ranchos en el Cerro Los Cachos. Recuerda que la Avenida Soublette ya existía “…era muy bonita…”.En el puerto lo esperaba su hermano, quien lo pidió, porque a los que no tenían familia se los llevaban a Sarría, Caracas, donde había un albergue para emigrantes hasta que consiguieran trabajo y donde vivir.

Pisando tierra venezolana comenzó a trabajar, formó una familia, y hasta el día de hoy, con sus 77 años, no deja de querer y luchar por esta tierra, Venezuela es la patria que lo convirtió en hombre, que le brindó las oportunidades para evolucionar, él va por la vida haciendo amigos y dando amor, y aquí seguirá hasta su último día de existencia.

sábado, 28 de febrero de 2015

Gracias Soledad

Querida Soledad, te escribo esta carta porque te aprecio y respeto profundamente, tanto que quizás no me puedas creer cuando me leas. Estoy realmente agradecido contigo por estos tres años de compañía, la cual ha sido constante y manifiesta, reconozco que me ayudastes a madurar emocionalmente y a crecer como persona, aunque con métodos no muy agradables. Con tu presencia, que era casi todo mi existir, aprendí a conocerme en lo más hondo de mi ser, para encontrar y entender mis bajezas y mis valores, reconocer mis fortalezas que fueron las que me permitieron emerger como aquella ballena que sale de las profundidades del mar, para respirar con jolgorio.

Gracias a ti, Soledad, aprendí a reconocer el valor de muchos aspectos de la vida, como son: la verdad de mis pensamientos, el interpretar el silencio del vacío de mi apartamento, el sentir el clima en cada una de las estaciones de nuestra Caracas, la calidez de mis plantas, y la magnificencia del Ávila vista desde la ventana de mi sala. En contraposición a esto, aunque parezca mentira pero sucede, desarrollé aún más el amor hacia mi familia, amistades, vecinos, en fin, de la gente que tiene que ver en algo con mi vida. Recuerdo los malos momentos cuando la tristeza me transpiraba por todo mi ser, cuando tú, mi fiel amante, no te separabas de mí, siempre estabas conmigo hasta en mis paseos improvisados a la plaza, al Parque del Este o como bien le denominan ahora Generalísimo Francisco de Miranda, y al cine a ver cualquier película seleccionada al azar o la que tenía mejor título o actor conocido; todo esto con la finalidad dejarme llevar en el tiempo y en paz. Me enseñastes a sentir cada segundo de mi existencia, a ser protagonista de esta fiesta que es la vida, y a seguir como dice William Ernest en sus dos últimas líneas de su poema Invictus “soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

Tienes que entender que lo nuestro no podía durar mucho, por más que quisieras estar conmigo, porque Dios tenía un mejor plan para mí. Sin intención de despreciarte, sino más bien darte tu justo valor, tengo que distanciarme de ti, la razón de esta decisión se debe a que ha llegado a mi vida una mujer encantadora, una de carne y hueso, hermosa para mis ojos, dulce para mis labios, consentidora para mi piel y apasionada para mi ser. Una mujer que se ríe conmigo, que llena mi alma de alegrías, que coincidimos en amarnos de verdad y que ya no te toleramos. Este amor que siento por ella crece cada día, tanto como la inmensidad del infinito universo. Estamos conectados en sentimientos, en maneras de pensar, siento que somos el uno para el otro. Quizás, tú juegues a que vuelva contigo pero no es mi intención. Yo apuesto al amor, porque con ella he resucitado en otro hombre, lleno de energías para enfrentarse a cualquier circunstancia de la vida, porque cuento con su apoyo incondicional, porque siento que soy una mejor persona, porque siento una estabilidad emocional como nunca había sentido, y porque ahora me toca vivir esta rumba tan sabrosa.


Gracias Soledad, y solo me queda decirte adiós, espero no verte por mucho tiempo.

Se despide, Martín Fernández

martes, 27 de enero de 2015

MANIFIESTO DE VIDA

Escrito por Martín Fernández, Diciembre 2014

  • Cuando tengas un problema que supones importante, solo tienes que descomponerlo en sus partes y clasifícalos según sus prioridades. Es entonces cuando debes ocuparte solo de aquellos que realmente la solución está a tu alcance, por los demás no te angusties, déjaselos a la vida que ella es sabia.
  • Cuando te encuentres en momentos críticos de la vida, mírate en un espejo para que te reconozcas, para que veas tu alma, te valores, y recuerdes quien eres y de tu potencial para seguir adelante.
  • Los lentes se usan hacia adelante, no en la nuca, por eso el pasado lo dejamos atrás y vivimos en el presente caminando hacia el futuro, persiguiendo nuestras metas sin perder la fe en Dios. 
  • Enfócate en pequeñas metas, es más fácil lograrlas y así no te agotas, y verás que con el tiempo habrás acumulado tantos logros que te producirán felicidad.
  • Anda por la vida con educación, deseando los buenos días y agradeciendo, siempre sonriente, verás cómo las personas te responden amablemente.
  • Es importante reconocer los logros y festejarlos, porque así estaremos satisfechos con la vida y podremos avanzar hacia otros retos.
  • Los problemas son solo eventos retadores que te hacen creativo para las soluciones, es entonces cuando aprendes y creces.
  • Con optimismo, paciencia y perseverancia, se logran nuestras metas, solo necesitas tener confianza en ti mismo.
  • Observa en silencio, piensa y analiza; luego, si tienes algo significativo e importante que aportar, actúa con prudencia.
  • Si en algún momento sientes que te falta amor, conéctate con tus hijos que son la batería perfecta para recargarse.
  • A los hombres buenos Dios les provee de bienestar, solo tienes que tener fe, paciencia y confianza.
  • Para sentir las emociones de la vida es necesario estar en el ahora, pensar en el presente.
  • Para entender los deseos y opiniones de los demás, tienes que escucharlos hasta el final.
  • Tus hijos te necesitan más como guía espiritual, que como amigo y menos como un jefe.
  • Cambiar es crecer, por eso atrévete a ampliar tu zona de confort, porque el éxito solo depende de ti. 
  • Ten paciencia con tus hijos, ellos necesitan explorar y aprender de sus propias experiencias.
  • Ama la vida con intensidad, con sinceridad, sin juzgar, con locura y pasión.
  • Aprecia la vida con todos los sentidos, incluyendo el corazón.
  • Dios no nos pone pruebas insuperables, siempre hace brillar una luz para la esperanza.
  • Siempre se aprende, solo debes estar dispuesto a ello y no dejar de asombrarte.
  • La única manera de apreciar los colores de la vida es mantener los ojos abiertos.
  • Vivir feliz no significa andar brincando, pero de vez en cuando hazlo.
  • Admite tus errores, es la manera más honesta de aprender.
  • No te lamentes de los malos recuerdos, aprende y avanza.
  • Usa más el instinto, confía en él, pero sin olvidar la razón.
  • Cuida a tu pareja, ámala con intensidad y sin condiciones.
  • Cuida tu cuerpo, es quien realmente te mantiene vivo.
  • Es importante respirar, y de vez en cuando suspirar.
  • En la vida enfócate en lo primordial, que eres tú.
  • Cuida las buenas amistades como un tesoro.

jueves, 15 de enero de 2015

EL HELADO, POSTRE QUE MERECE SU DÍA

Por Martín Fernández, Enero 2015

¿Quién no ha probado un helado? ¿A quién no le gusta?, en el caso de existir una persona que responda con un “Yo”, seguramente es un atorado de esos que para todo levanta la mano, y luego averigua de qué se trata, si es así, entonces que vuelva a leer la pregunta. Ya sea como raspado, cepillado, chupi-chupi, super sándwiches, pastelado, crema real, bati bati (con la bola de chicle en el fondo, sino no sirve), morochos (los favoritos para compartir con un amigo), barquilla (la hazaña es comerse lo de adentro sin morder la galleta, y solamente se valía hacerlo succionando desde la punta del cono), entre otros. Y qué me dicen de los helados tipo caseros en vasitos plásticos, que venden en una ventanita de una casa, con sabores a coco, toddy, leche condensada, o de frutas. Otra opción era y sigue siendo, cuando uno estaba en emergencia por el calor obstinante del día, nos las ingeniábamos para hacer muestro propio helado, congelando en vasitos cualquier jugo que estuviese disponible en la nevera, como de manzana, pera o naranja.

Los helados hacían famosos los sitios. ¿Quién no recuerda La Tomaselli o Crema Paraíso?, cuando los domingos nuestros padres mencionaban cualquiera de estos lugares, automáticamente nuestro cerebro empezaba a procesar que tipo de helado tocaba comerse esa vez. Y si nos llevaban a un restaurant a almorzar, que tuviese helado de postre, en caso contrario se descartaba para comer.

El helado siempre tiene espacio en nuestro estómago, a pesar de haber comido un almuerzo o cena hasta reventar. Esto se debe, a que el órgano ha evolucionado en el tiempo, para crear una inteligencia digestiva y engañar al cerebro, enviándole una señal de saciedad para finalizar el apetito por la comida, pero a su vez, creando las ganas de helado como postre.

¿Quién nos enseñó a comer helado? seguro todos sabemos la respuesta y coincidimos en que fueron nuestros padres, de la misma manera que lo vamos haciendo con nuestros hijos. El comer helado es una de las tradiciones más versátiles y universales que ha pasado de generación a generación. Es el segundo alimento que probamos, luego de la leche materna en la lactancia, y que no dejamos de consumir hasta que nos llegue la muerte. Quizás no olvidamos la primera vez que lo probamos, porque éramos bebés, pero seguramente recordamos ese día que nos quedamos inmóviles, por la sensación de un frío profundo, que de la boca subió por el tabique nasal para congelar el cerebro, como consecuencia habernos metido en un buen tajo de helado.  

Según la ciber-enciclopedia wiquipedia, el primer helado aparece en los años 4.000 a.c., el cual era una especie de pasta de arroz hervido con especias y leche, envuelta en nieve para solidificarla. En Persia, 400 a.c. aparece también. Alejandro Magno, Nerón y las cortes árabes, hacían sus cocteles de frutas endulzadas y los enfriaban con nieve traídas de las montañas por los esclavos. En China, el emperador Tang, entre 618 y 697 a.c., hacía su mezcla de hielo con leche. El aventurero Marco Polo, en el siglo XIII, llevó varias recetas de postres helados usadas en Asia, las cuales se volvieron populares en las cortes italianas, y en el resto de Europa. En 1986, el ciciliano Francisco Procope montó la primera heladería en París, reconocido por el Rey Luis XIV, en cuyo reinado comenzaron a prepararse los helados de vainilla y chocolate, mas tarde, los de crema de leche, y así evolucionaron hasta llegar a su forma actual. Luego, en 1913, se inventó la primera máquina para elaborar helados. Hay que agradecer que se inventaran las neveras refrigerantes, porque de no ser así, la sociedad mundial seguramente no estaría dividida en niveles socioeconómicos, sino en los consumidores de helados y los vendedores de hielo (que no serían esclavos, sino un grupo de personas visionarias, dueño de empresas instaladas en los polos Norte y Sur, sacando hielo), y hoy en día, el helado se cotizaría a precios superiores al barril de petróleo.

Hay razones suficientes para decretar la celebración del día del helado. Esto sería para reivindicar el honor de aquellos hombres que se esforzaron por la creación y evolución de este producto, desde aquellos esclavos que tenían que traer hielo desde las montañas, pasando por los viajeros que trasladaron las recetas, hasta aquellos que fueron perfeccionando la fórmula. Toda una odisea histórica. Además, cuál era y sigue siendo la verdadera razón de salir corriendo a la salida del colegio, ¿para ir a casa?, pues no, todo ese agite se debe al desespero para comprar el raspado o el helado, antes de que se fuera el transporte. Y pensándolo bien, ¿Que mayor ofrenda podríamos darles a los extraterrestres cuando nos visiten?, estoy seguro que si le preparamos un Banana Split, nos van querer como sus dioses.

¡Imagínense la forma de celebrar ese día!, habría expoferias donde podremos disfrutar de todos los tipos de helados, de todos los sabores, y hasta habría concursos para inventar sabores. En todas las heladerías habría descuentos sustanciosos en los precios. Las fábricas abrirían sus puertas para hacer visitas guiadas. Los buhoneros venderían helados con anuncios para enamorados “un helado regalado, es un amor asegurado”. Y lo mejor de todo, que ese día nos damos el gustazo de desayunar, almorzar y cenar helado.